De tanto pensar, de
tanto de tanto sentir ¿cuál alma susceptible desearía caricias o recolectar hermosas
flores, estrelladas en colorido vergel; junto con un sol tenue que sus
destellos reflejen erizadas luminiscencias carmín? respirar, si, dejar volar un
hálito que hágase rítmico con el sonar de las esferas y que alcance el cenit
del obelisco creciente en mi alma, he aquí encontrándome con Mozart, en el
interior de mis cienes sus notas danzan, es muy relativo a los cánticos de los
mares, ante mis ojos, la obra de un maestro pintor que del pigmento tierra
derivo tonos haciendo del blanco lienzo una alegoría del hombre, emoción,
pensamiento y alma, cuerpo, espíritu y sentidos, lo contemplo con devoción, lo
respeto como religión en representación ante mí, el magnetismo del color me
invita a congeniar con la naturaleza, la acojo con calidez y me pierdo en el
deseo de estar allí, donde narciso se hizo inmortal, convertido en flor y
expandiéndose en violetas floraciones, cuanto desearía que la discreta brisa
haga despejar de mí un pétalo guiado por la voz en busca del amor de Eco entre
los árboles; cuanto desearía sentir la libertad del cielo y el conocimiento de
las aves que sobrevuelan los valles, ahora que tengo una turbamulta de sentimientos
en el alma, empiezo a comprender lo que dijo Schopenhauer –“la soledad es la
suerte de todos los espíritus excelentes” –
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